El psiquiatra Raúl Quiroga afirmó que "las pantallas influyen negativamente en el desarrollo del cerebro". Además, afirmó que las redes sociales "deben regularse". "Que se pueda o no es un problema técnico de resolución general", sostuvo.
Las conductas adictivas cambian de modalidad, ya que no se trata solo de consumo problemático de alcohol o sustancias. Permanecer como hipnotizado frente al celular, jugando sin límite con las consolas o, incluso, conducir el vehículo con el teléfono en la mano puede ser indicio de un problema.
La cuestión fue abordada en el 39° Congreso Argentino de Psiquiatría, que se desarrolló hasta ayer en el Gran Hotel Provincial, bajo el lema “Conectados o capturados: consumos modernos, impulsividad y fallas del modelo tradicional”. La charla fue dirigida por el psiquiatra Raúl Quiroga y también participaron el psiquiatra Javier Didia Attas y los docentes Santiago Azocar, Martín Furman y Josefina Pernas Grenno.
En diálogo con LA CAPITAL, Quiroga especificó que “Hay un cambio de paradigma desde hace unos 15 años: los padres antes estaban preocupados porque los hijos estaban en la calle y ahora están preocupados porque están en la casa con las pantallas”. Y, en ese análisis socioambiental, el psiquiatra graficó un paréntesis comprendido por la extensa cuarentena decretada por el covid-19. “También hay que tener en cuenta, que hubo una pandemia brutal, que en muchos casos viralizó la vida, la hizo mediática”, admitió.
A su entender, esa situación contribuyó a que los chicos “entren en contacto con todo tipo de pantallas, permanezcan en ellas, cuando todavía —según la Sociedad de Pediatría y de Neuropediatría— no se conformó el proceso madurativo del cerebro”. “Y las pantallas influyen negativamente en el desarrollo del cerebro”, remarcó. Ese continuo desarrollo cerebral se da hasta los 6 años, según explicó el doctor Quiroga, y añadió: “Después de eso hay otro problema, comercial digamos, que es que los grandes proveedores de recursos virales no tuvieron ni tienen un control real”.
En ese sentido, ejemplificó con “el resultado del juicio contra Meta y los procesos de Inteligencia Artificial, que dicen que las compañías conocían y sabían de la generación de situaciones en que las personas tienden a permanecer más tiempo en las pantallas. Es un facilitador de conductas adictivas”. Esa información salida a la luz generó la aparición, los últimos años, de numerosa legislación —como en Suecia o Noruega— que busca limitar a estos proveedores de servicio y tomar medidas restrictivas hasta la adolescencia, digamos los 16 años aunque depende de cada país, impidiéndoles el acceso a estas redes.
Límites
A entender del profesional, que preside el capítulo “Juego Patológico y otras adicciones conductuales” de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA), la solución al problema es simple: “Deben regularse las redes sociales, que se pueda o no es un problema técnico de resolución general”, dijo y ejemplificó con el episodio entre el gobierno de Brasil y X, conflicto que fue resuelto a favor del gobierno. “Evidentemente, si hay voluntad política, técnicamente es posible”.
Además, fundamentó su postura al explicar que “lo que se cuestiona hoy, más que el juego dentro del sistema en el que están inmersos, es el acceso a las redes porque ahí entran a la pornografía, a las apuestas. Y también es peligroso que accedan a los juegos gratuitos que provee el mismo sistema porque propone un scroll casi permanente”. Por todo lo expuesto, el doctor Quiroga recomendó “no usar las redes hasta los 16 años” o, en su defecto, hacer un “uso limitado”.
“Los padres deben entender —señaló— que dentro de las redes tienen acceso a problemas mayores, como pornografía, a la que acceden a una edad cada vez más temprana”. Asimismo, sugirió a los progenitores prestar atención a los hijos, que no descansen en las redes, tener esos espacios de diálogo. “El juego problemático representa un problema —advirtió—. La última estadística que tenemos, que es de 2019, muestra que aumentó hasta un 19 por ciento”.
Finalmente, detalló que la problemática del uso excesivo de las pantallas demuestra “un comportamiento francamente adictivo” y afecta a todos por igual, ya que se trata de una conducta “transversal, tanto en edad como en ubicación social”. “Los chicos copian lo que hacen los padres y parte de la preocupación es que los adultos son partícipes necesarios”, aseguró.